miércoles, 12 de marzo de 2008

Cruz de la Esperanza

Témpera sobre papel y madera
85x25cm
Francisco E. Zulaica, 2008
Tlaquepaque, Jalisco

Dios mío, Dios mío,
¿por qué me has abandonado?

El grito de Jesús en la Cruz, es el más conmovedor y profundo diálogo entre el Hijo y el Padre... por eso el centurión, al ver la manera como moría, grita: "VERDADERAMENTE, ESTE ERA HIJO DE DIOS". (Mc 15, 39)

En medio de la más profunda desesperanza y dolor, brilla la infinita confianza de Cristo en su Padre, sostenida por la fe y el amor. Es desde esta cruz donde se comprenden las bienaventuranzas evangélicas, donde por el abandono en las manos del Padre, el madero letal se convierte para todos en fecundo árbol de vida (Jn 3, 14-15); incluso para el mismo Jesús que haciéndose obediente hasta la Cruz, es exaltado por sobre toda la creación (Flp 2, 6-11), y ha sido constituido sacerdote eterno, para beneficio de sus hermanos: los hombres y mujeres de todos los tiempos y de todas las latitudes. Esta es la esperanza segura y firme que tenemos como ancla del alma (Hb 6, 17-19).

Estos son los sentimientos que están a la base de este cuadro que sirve de imagen al Congreso Teológico: “Salvados en la Esperanza” del Instituto Teológico Salesiano “Cristo Resucitado” de Tlaquepaque, para celebrar sus 25 años al servicio de la Iglesia en la formación de agentes de pastoral: laicos y religiosos.

Entre los elementos que contiene esta Cruz, se encuentran los instrumentos de la pasión, como en varias cruces atriales mexicanas: la corona de espinas, el letrero con la causa de su condena, los clavos, la lanza, el sudario de la Verónica; evocando como el sufrimiento ofrendado es capaz de generar nueva vida: la Eucaristía en primer lugar, y de ahí se irriga la vida eterna para todos nosotros: simbolizada en las hojas de acanto que se entrelazan en un símbolo de infinito y semejando un ancla en unión con la Cruz. El ángel en la parte inferior recuerda la soberanía de Cristo sobre todo lo creado.

Es pues una invitación a retomar el aliento de la esperanza en medio de las contrariedades de la vida, justo ahí donde pareciera que no hay razón para esperar, la Cruz de Cristo nos invita a levantar los ojos al cielo en un compromiso renovador de nuestra propia existencia.

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